Confesiones de una humana al servicio de los gatos

(o cómo me hice voluntaria en Fundación Bigotes)

Todo empezó con un “voy a ayudar un par de horitas en Fundación Bigotes, a ver qué tal”.
Spoiler: ahora los gatos me reconocen por mi voz, algunos me ignoran con maestría (lo cual es buena señal), y mi móvil tiene más fotos de bigotes que de personas. Ser voluntaria en una protectora de gatos es una experiencia entre lo adorable y lo hilarante, con una pizca de caos felino. Cada jornada puede comenzar con una bola de pelo mirándote como si fueras su súbdita… y lo eres.

Pero también arranca con ronroneos, miradas de confianza (sí, existen) y la sensación de que estás haciendo algo profundamente bueno.

No te voy a mentir: se te rompe el corazón cada vez que llega un gato abandonado o herido. Vienen con la mirada baja, desconfiados, temblando. Algunos tardan días, otros semanas, en dejar que te acerques. Pero cuando por fin te miran sin miedo, cuando ronronean por primera vez o te piden mimos con su patita tímida… esa sensación no se puede explicar con palabras. Es pura magia.

Y ahí entiendes que todo, absolutamente todo, ha valido la pena. Muchos llegan asustados o simplemente hartos del mundo. Pero poco a poco, con paciencia y respeto, empiezan a dejarse querer. Y ver ese cambio… no tiene precio.

¿Qué hago en Fundación Bigotes?

De todo un poco: limpiar areneros (con guantes y mucho amor), repartir comida gourmet (ellos creen que lo es), poner gotas a quien no se deja, medicar a los que están malitos (engañándolos —eso creo yo— con chuches o ricas latitas)… y, sobre todo, dar cariño y jugar con ellos.

Además, el equipo humano de Fundación Bigotes compartimos una pasión por los gatos. Nos reímos, intercambiamos anécdotas, algún arañazo ocasional (con cariño, claro) y toneladas de pelos en la ropa. 

¿Vale la pena? Muchísimo. Ser voluntaria es aprender a su ritmo, adaptarte a su lenguaje silencioso y dejar que esos pequeños maestros peludos te enseñen lo que es la confianza.
No necesitas experiencia, solo ganas, corazón y una camiseta que no te importe convertir en camita ocasional.

Si amas a los gatos, si alguna vez pensaste “yo haría algo por ellos”, este es tu momento.
En Fundación Bigotes siempre necesitamos manos, corazones y mimos (ellos dicen que atún, pero eso es negociable).

Puedes contactar con Fundación Bigotes a través de sus redes sociales, donde también encontrarás a nuestros bigotudos en adopción.
Ya sea para ser voluntario, adoptar o simplemente seguir nuestras aventuras felinas, ¡te esperamos con los maullidos abiertos!

Gracias a Lydia por escribir su experiencia
y por todos los cuidados a nuestros michis.

Scroll al inicio